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Goodbye, Lindita

 


 

Chao, Lindita

 

En el ámbito del arte representativo la obra Goodbye Lindita -que pude ver en Atenas (edificio Ernst Ziller), en el Teatro Nacional de Grecia- se caracteriza por su gran unidad de fondo entre la música y la interpretación de baile y movimiento de todo el equipo teatral de Mario Banushi.

 

Con el fin de tratar el asunto de luto y de la ausencia polifacéticamente, a través de un diálogo que se desarrolla entre el cuerpo y el texto, el director y también autor de la idea, Mario Banushi manejó con eficacia la historia de la muerte -de la hija en primer plano- demostrándonos un cuadro vivo de la vida propia a través de ramos de flores, iconos y silencio escénico entre los rituales.

 

La historia de obra Goodbye Lindita sirve de pretexto para la creación de un lenguaje puro de una cultura universal entre los pueblos y los países. Durante el tiempo teatral, el espacio escénico cambia para que el lugar presentado ante nuestros ojos sea de valor emocional, existencial y atemporal a la vez. Parece que estamos presentes en una obra fuera del tiempo, mientras que viajamos al origen de nuestra existencia, a la vida antes de que fuéramos a nacer.

 

Entre las cosas que destacan, la presencia del agua y el uso de los elementos del aire dan a la obra un aura mágica, ritual y densa, al mismo tiempo que la luz contribuye al fomento barroco. Toda la experiencia teatral es muy concisa llenando una hora solo de nuestra vida, aunque esa última sea fuerte acerca del tema de la familia y sus relaciones circulares.

 

Dadas las circunstancias bajo las cuales las palabras son solo símbolos del viaje iniciático que nos invita a descubrir otro modo de reconocer nuestro papel dentro del aula teatral, la propuesta de Mario Banushi resulta ser una denuncia del viejo modo de ver y estar presente en el teatro.

 

Pude sentir una nota de ánimo amargo al final de la obra Goodbye Lindita. La fantasía puesta en escena dio a los espectadores la sensación de que algo empezara a crecer después del fin. Es la condición del teatro la que nos promete que la vida sigue y hay que caminar, seguir adelante. Con nuestras sombras hacia la luz, aún nocturna.

 

 

 

 

  

 

   

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