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El Edipo de Robert Icke es el Edipo más atractivo de hoy

 

Una función extraordinaria...

 

Cuando estoy en Madrid, las estatuas que se refieren a la mitología me conmueven de tal modo que pudiera vivir efectivamente en un magma de tiempos, entre pasado y futuro a través del presente. Y eso sucede no solo porque soy griega. La mitología pertenece a todos. A los que se emocionan en ocasión de un mito y pueden descubrir la parte mejor de sí mismos. La que sigue desarrollando su círculo de vida en la oscuridad debajo de mucha información inútil y frivolidad. Está donde convive la tragedia también, pidiéndonos que enfrentemos su imagen en el espejo puesto al revés en cuanto a la filosofía de Lacan. Según la cual parecemos inmóviles, aunque seamos nosotros mismos.

 

Cuando estoy por asistir a una función cuyo asunto es una tragedia antigua, tengo pensamientos dobles. Porque a veces en nombre del pasado mítico y glorioso, hay directores o escritores que confunden el límite entre la imaginación y la interpretación estructural. Afortunadamente no es el caso de Robert Icke (1986-), quien trabajó muy exitosamente sobre la sustancia de la tragedia de Sófocles hoy en día y realizó una obra maestra de Edipo en Atenas, en la escena de “Stegi” de la fundación Onassis. No me extraña entonces que las entradas estén agotadas.

 

La función de Edipo de Robert Icke tiene que viajar a España y Madrid que representa la ciudad de la mitología vista como núcleo de creatividad en el ambiente urbano. Con hiper títulos en castellano o inglés, porque el idioma griego es la voz de la tragedia en carne y hueso. El griego hace la tragedia que respire literal y metafóricamente. Por eso el equipo griego es fundamental para que los espectadores sean capaces de sentir el origen de la tragedia y ver su cara en los tiempos reales.

 

Hoy en día ya se sabe que el poder es ciego, las relaciones de las parejas han cambiado de modo que haya una tolerancia hacia modelos distintos de relacionarse y convivir, pero, ¿se trata de un estilo de vivir nuevo? No. Seguro que no. Y Robert Icke nos demuestra muy claramente que lo que solía ser tragedia una vez- erase una vez Sófocles… -, ahora existe igual debajo de la alfombra familiar. La meta escritura de Icke aborda el magma trágico de Edipo quien hoy en día resulta ser un líder político, ganador de las elecciones. Ganador y ciego. Porque al final sabe. Y no lo aguanta.

 

En general, la clave de la creatividad artística del Edipo de Icke consiste en la cohesión entre los episodios teatrales, la justificación de los elementos del decorado, la harmonía entre el texto, la iluminación y el sonido y además de todo esto, todas las interpretaciones del equipo teatral funcionaron muy bien sincronizadas y han servido de pretexto para que los espectadores puedan sentir la atemporalidad de la tragedia y lo contemporáneo de la desgracia. Es más probable que estemos descontentos en vez de experimentar la felicidad, una mentira de la religión que pide a los ciudadanos que la obedezcan. Donde hay tragedia, hay verdad. La verdad de la desgracia existencial. Y la respuesta de la emancipación femenina y la justicia consiste en la presencia de Antígona en la obra, mientras que no está Ismene. Ismene es la difunta de la historia.

 

Edipo – Nikos Kuris- es un político de tez oscura, un hombre suficientemente poderoso y luchador para identificarlo como líder y humano a la vez. Parece ser diferente de los políticos en base de su potencial onírico y no era sencillo conseguirlo. En cambio, pudo manejar bien las calidades distintas de su papel, intercambiando emociones desde la parte exterior hasta aquella interior. 

Yocasta – Kariofyllia Karampeti- nos ha presentado una mujer guerrera, sincera y austera a veces, logró igualmente tocarnos con su voz y postura, concibiendo su papel como un espejo de llamarnos la atención sobre el destino femenino, la importancia de la emancipación y de la decisión – opción ante los hechos desfavorables. Como pareja tuvieron instantes teatrales excepcionales desde el punto de vista estético, interpretativo y teatral absolutamente.

 

La madre adoptiva de Edipo, Meropi – Rania Oikonomidu- también nos regaló momentos excepcionales de verdad teatral, de un ritmo tan fuerte como dórico, sin exceso ni movimiento irreal. Fue un personaje importante para que fuéramos capaces de entender la manipulación de una generación a otra. Incluso parece confirmado que el personaje de Creonte – Lázaros Georgakópulos- pudo ofrecernos un silencio tan elocuente como el grito colectivo de la tragedia.

 

Después de haber visto la función de Edipo de Robert Icke en Atenas y Stegi de la Fundación Onassis, pienso en la patogenia de la vida de hoy distintamente. Patogenia, palabra griega otra vez. Otro modo de decir “tragedia” entonces. Pienso en los accidentes mortales, los hijos adoptivos, - recientemente supimos que hay casi 200 niños víctimas del esperma del donante de Dinamarca, una cosa increíble – las guerras globales y la crisis en toda Europa… ¿De dónde venimos y dónde vamos?...

 

Agradezco a Robert Icke y al traductor Nikos Hatzópulos quien trasladó el texto al griego. Agradezco a los actores – y actrices, claro- aquí en Grecia. Porque sacrifican mucho de sus vidas privadas para que el público pueda ver funciones como esa. Sacrifican dinero. Porque en Grecia ser actor es algo inalcanzable a veces. Hay que sufrir, convivir con el dolor de la incertidumbre, aunque sea un proceso creativo. Sí, lo hacen y permanecen creativos, pero con la elocuencia irreparable del dolor. Para ellos y ellas quienes nos conmueven y mantienen el idioma griego vivo.  Espero que eso lo reconozcan prácticamente un día en el ministerio de cultura griego. Dum spiro spero.

 

*foto de Andreas Simópulos

Información sobre la obra y su identidad aquí       

 

 

      

 

 

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