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El Gigante de Mark Rosenblatt en el Círculo de Bellas Artes

 


¿Hasta dónde se puede llegar hablando? La importancia de la expresión es fundamental para todos y especialmente en el caso de los autores. Por otro lado, los modales y la inteligencia emocional nos dirigen hacia un comportamiento más moderado que absoluto con respecto a las circunstancias particulares. Y es otra cosa querer comunicar que querer ganar, imponer tu opinión a los demás. La conversación es distinta al predominio de la opinión única.

 

Contra la sensación de pertenecer al conjunto de “nosotros” y con el fin de que surja un diálogo de soliloquios en el escenario del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Gigante nos demuestra cómo podemos contribuir de mejor modo a la defensa de la diferencia que nos separa de los otros frente a las peores consecuencias de esa postura. Incluso, es una obra sobre la cuestión de la correlación entre la vida y la trayectoria de un autor, en este caso de Roald Dahl.


José María Pou tradujo exitosamente el texto de Mark Rosenblatt para que esté destinado en potencia de todos. Dio cuerpo en las palabras, las hizo respirar. Con un lenguaje directo, de altibajos y pausas de contemplación, Gigante nos expone los argumentos de Roald Dahl (José María Pou) contra la reformulación de su opinión absoluta en cuanto a los judíos y Israel. Por otro lado, en la función se nota el esfuerzo de Felicity “Liccy” Crosland (Victòria Pagès) de convencer al escritor que cambie su declaración. Y se ve la alianza de ella con Tom Maschler (Pep Planas) desde la parte de la editorial que representa a Roald Dahl. Desde luego, hay voces de reconciliación en la trama intentando calmar la tensión entre los dos extremos. En la obra, los papeles más pacíficos de la pareja Jessie Stone de Roald Dahl y la asistenta Hallie recitan Claudia Benito y Aida Llop respectivamente.


Gigante, una obra sobre la importancia de la expresión y sus confines

 

Ambos José María Pou y Victòria Pagès transmitieron la energía de sus caracteres concisamente para que pudiéramos entender la importancia de la obra especialmente hoy en que la Inteligencia Artificial empezó ya a manipular los pensamientos y las conciencias en nombre de las estadísticas y la subcultura de la velocidad. La situación teatral en favor del tiempo natural y lento que nos presentaron en la base de sus decisiones bien elaboradas se definió a través de su pluralidad, lo cual resultó ser el éxito de la obra y además de esto subrayó el valor de nuestra estancia en esa.

 

Según la trama, hay varias interpretaciones entrelazadas. Un artículo antisemita no cambia porque su autor se niega a seguir la corriente de la conciencia común. El mundo del comercio le dice que no. Hay normas en el ámbito profesional según las cuales los libros están disponibles en bibliotecas y librerías globalmente. Entonces, un autor es bueno hasta que no traspase los límites. Sin embargo ¿la cuestión de la libertad no debería obedecer a prioridades comerciales o no? La libertad es ética, entonces no está debajo del comercialismo. Pero, mi libertad termina donde empieza la del otro. De hecho, los prejuicios son otra forma de violencia y los autores que los reproducen la establecen como polen asfixiante en el aire.

 

No hay una razón en la obra de Mark Rosenblatt dirigida por Josep María Mestres en el Círculo de Bellas Artes. Hay un círculo de la razón, matices que nos envuelven en la trama y su fuerza. Es importante poder soportar la otra opinión. Mark Rosenblatt hizo un diálogo tan fuerte como su ruptura analizando el síndrome de la comunicación de un modus moriendi que se compagina con el modus operandi dentro de las murallas. No estamos abiertos a la potencialidad de la conversación. Actuamos en contra de ella. Y a estas alturas, se notan las relaciones del poder en las que cada pluriempleado o pluriempleada como Felicity “Liccy” Crosland está obligada a soportar comportamientos salvajes e insultos.

 

Aquí está la diferencia entre los dos papeles. Felicity “Liccy” Crosland de Victòria Pagès actúa como profesional. Por otro lado, Roald Dahl de José María Pou actúa como hombre. Su carácter demuestra una soberbia clara. Menosprecia a los otros de su alrededor. No parece que tenga algo que aprender de ellos. Aquí se halla la raíz del problema, se siente el fracaso de la comunicación y reina el desierto rojo de la conversación. Al final de la función, el resultado de la llamada no es nada imprevisto. Un tal carácter actúa como si cortara el cordón umbilical con los otros. No aprueba ninguna relación. Existe por sí mismo. Claro que esa postura oculta un miedo profundo al amor, al deseo por el otro y a la muerte también.            

 

Una obra tan inteligente como necesaria.   

 

  

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