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Sobre La Hija de Sergio del Molino, ed. Alfaguara 2026

 

A través del erotismo se llega a las raíces del propio ser


 

Siempre las relaciones familiares han tenido importancia dado que el espíritu humano está afectado por estereotipos y convicciones sociales. A esas alturas, ser hija de un artista de gran tamaño, quien fue un símbolo influyente en el arte globalmente, claro que significa eternidad. Inmortalidad. Y ofrece todos los motivos a los que se dedicarán a explorar su vida. Sin embargo, el asunto es cómo lo realizarán.  

 

Ante la cuestión del origen de Rosario Weiss, hija o no de Goya, Sergio del Molino -quien participó en el festival de Literatura LEA del Instituto Cervantes de Atenas en junio de 2025- eligió exitosamente como título de su libro -ediciones Alfaguara, 2026- “La hija”, en el que el nombre de Francisco Goya (1746-1828) se insinúa, aunque no se declara.

 

Mejor que el nombre de Goya no se menciona en el título, siguiendo el principio lacaniano que simbólicamente hay que matar al padre. Más detalladamente, a través de esa sombra del gran pintor, se puede ir al grano, aunque sea una paradoja.

 

Se puede ver que no importa tanto si Rosario Weiss, hija de Leocadia Zorrilla y hermana de Guillermo, era hija de Goya también, como el hecho de que ella pudo ser artista y desarrollar sus competencias en una época difícil y aunque murió joven con 29 años.

 

Entonces, tras leer el libro de Sergio del Molino en sus dos partes de la ficción y no ficción, lo que vale más la pena guardar es el valor de la persona, el mapa de su personalidad y espíritu artístico en torno a Rosario Weiss. Más allá de la cuestión del vínculo familiar, el escritor y ensayista de la España Vacía y de La hora violeta explora la personalidad de Rosario como mujer, artista, persona. Lo hace naturalmente a través de la mirada de Juan Antonio Rascón justo como natural surgen el afecto, la emoción, la amistad. Parece que el alma del caballero guarda su herida como un puente a través del cual él aborda a sí mismo. Y se hace humano. Digno de vivir.

 

En lo concerniente a la segunda parte, no quisiera que termine. Leyendo el texto en el que figura la filosofía de Malraux, Yves Bonnefoy y otros cuyos escritos aún nos hacen pensar en la vida y sus valores, sentí que Sergio del Molino es un observador, lector ávido y un “caminante” de Antonio Machado que no para de explorar fuentes, enciclopedias y compararlas.

 

Es esa la cultura de leer, ver, hacer en el mundo de las artes y letras. Por eso, se necesita tiempo. Tenemos que amar a nosotros mismos para poder dedicar tiempo a una lectura que nos pide trabajo y comparaciones, relecturas, pensamientos. No es nada fácil. Asimismo, el eje del contexto histórico, en el que el escritor nos introduce, sigue un ritmo narrativo directo, detallado para que leamos este libro más que una vez.

 

Estoy segura de que el aula 62A tendrá más visitantes que nunca de ahí en adelante en mi querido museo de Prado en Madrid. Hay que ver el libro La hija de Sergio del Molino en la tienda del museo precioso, mi sugerencia con todo el amor por Prado.



   

      

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