Mi padre me habría querido más (..)
si yo no hubiera sido una mujer, sino un libro.
Tatiana Tibuleac
No suelo comprar libros traducidos de otro idioma al castellano.
Esa vez era una excepción porque el libro de Tatiana Tibuleac, Cuando seas
feliz, golpea tú primero, -ed. Impedimenta, Madrid 2026- no ha sido traducido
al griego todavía. La verdad es que el mensaje fuerte del título me impactó
para que me lo comprara. Y lo leí rápido, en un par de noches, adentrándome en
la vida de Mila, del personaje principal de la novela que se lee como si fuera
un monólogo escrito para un escenario teatral sobre todo en primera persona.
Desde el principio la novela de Tatiana Tibuleac nos
llama la atención acerca del asunto del alcoholismo. Mila se nos introduce como
una mujer que cumple con sus decisiones a través de la primera frase del libro.
Es un personaje que “juró que no volvería a beber” y punto. Por supuesto, su
deseo negativo se relaciona con el entorno familiar, porque, a lo largo de la
lectura, nos enteramos de que su padre sufre trastornos por el sobreconsumo de
alcohol cuyas consecuencias se reflejan en la vida de su hija. La que tarda en
encontrar el amor justo como lo tiene planeado y después le desaparece sin
explicación.
De hecho, la narrativa de Mila – y de Tibuleac en segundo
plano- aborda un trauma abierto polifacético desde el alcohol hasta las
relaciones íntimas así que nos damos cuenta de la vida difícil de la
protagonista no solo cuando era joven sino también más adelante, a sus cincuenta
años. Paso a paso, Mila sigue estando viva como hija de un padre problemático,
amiga de amigos ambiguos, trabajadora en una casa francesa en la que tiene que
afrontar la cultura urbana y los comportamientos de sus jefes. Estando de
movimiento, Mila puede ser Mila guardando su conciencia intacta.
En la novela Cuando seas feliz, golpea tú primero,
la escritora moldava Tatiana Tibuleac no describe los actos ni los sentimientos
de sus personajes incesantemente sino los introduce en un plan narrativo cohesivo
dentro de una economía sentimental para que se pueda percibir la belleza de
vivir, experimentar, seguir el camino, aunque las dificultades sean varias. Su mensaje
resulta ser positivo en favor de la vida y con respecto a la importancia de poder
ser diferente en lugar de ocultarse detrás de un negativismo que no nos importa
nada al final.
El humor con el cual este libro ha sido escrito es la
otra cara de la ironía experimentada en la piel. Una ironía que intenta denunciar
cada postura de racismo o estigmatización, cada violencia verbal o corporal. Es
que la ironía igual que el encanto, según Vladimir Jankélévitch, es una situación
de paz. “Consigue esa sonrisa de la inteligencia y amistad en la que consiste
la inversión de la persona egoísta (..)”. Tatiana Tibuleac a través de su
narrativa se demuestra lacónica en contra del homo loquax de Bergson y vir linguosus.
Igual que Schelling contrapone a las descripciones infinitas una cultura lacónica
y ese laconismo resulta ser “la virtud real de la voluntad”, como subraya
Jankélévitch.
Más específicamente, guardo las imágenes descriptivas
como referentes para cada uno de los personajes. Imágenes que los colocan en varios
contextos y añaden a la escritura mundos diversos en los que Mila pertenece a
la vez. La identidad de Mila está vinculada a esos mundos contradictorios. Mila
llega a ser lo que es como un personaje compuesto de los varios mundos y no se
rinde ante las dificultades. En cambio, las reconoce como claves para
contemplar la fuga cerebral. Lo que escapa sin querer.
Entre otras, entonces, la imagen de Nina preparando
mermeladas es tan fuerte como la de Malik en su moto con la perra Donna,
mientras que la parte de Anatol quien pide a Mila que haga agujeros a sus
orejas también añade un toque de liviandad a través del texto.
En resumen, es un carisma poder expresar en primera
persona una historia traumática obedeciendo a la estética de Tatiana Tibuleac. Es
un don poder llamar la atención de los lectores desde el principio hasta el
final.
Sí, me encantó. Y la traducción también (que yo sepa…).
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